La desastrosa gestión del Banco del Orinoco en Curazao

El Banco Central de Curazao (CBSC), intervino en el Banco del Orinoco, del venezolano Víctor Vargas Irausquín, con la aplicación de una regulación de emergencia: Las cifras no son confiables, no hay posibilidad de pagarles dinero a los titulares de cuentas de esa entidad, y se habla de fraude y engaño, así lo reseña el diario antillano Antilliaans Dagblad, cuya nota y título reproducimos textualmente.

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En un comunicado de prensa, el Banco Central lo expresó “amablemente”: “El Banco Central de Curazao y Sint Maarten se han visto obligados, debido a deficiencias en el Banco del Orinoco NV, a pedirle al Tribunal de Primera Instancia de Curazao que aplique el acuerdo de Emergencia con respecto al Banco del Orinoco, esta solicitud se hizo en interés de los depositantes y otros acreedores del BDO”.

Comunicado de prensa

De acuerdo al CBSC, el BDO “ha estado funcionando mal durante algún tiempo”. “Ha habido una grave violación de las regulaciones contra el lavado de dinero y antiterrorismo, no ha llevado a cabo sus operaciones comerciales de manera adecuada, no ha estado siguiendo las instrucciones del CBSC y lo está engañando sobre su posición financiera utilizando falsificaciones de documentos“.

Esto no sólo es una razón más que suficiente para el retiro de la licencia bancaria (que ocurrió el 2 de septiembre), sino que también implica serias dudas respecto a la posición y solvencia del BDO. El riesgo de que el banco no pueda cumplir con sus obligaciones para con los titulares de cuentas ya se ha materializado: “Hay una gran cantidad de quejas sobre el incumplimiento de las instrucciones de pago por parte de la entidad. Además, BDO sólo tiene un banco corresponsal, por lo que los usuarios pueden estar siendo engañados”.

Se puede observar que la situación es grave a partir de esta declaración de los supervisores: “La decisión sobre la regulación de emergencia significa que el Banco del Orinoco no puede ser obligado a pagar sus deudas. Las ejecuciones iniciadas se suspenden y las incautaciones adjuntas caducan”.

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Víctor Vargas, el banquero rojo: Un hueco histórico

El 10 de septiembre la autoridad de supervisión bancaria venezolana, decidió una medida de intervención administrativa contra el Banco Occidental de Descuento. Aunque Víctor Vargas, conocido como el banquero rojo por sus nexos con el régimen chavista, sostiene que se trata de una medida rutinaria y no de una intervención, las medidas en Venezuela agregan mas combustible a una situación que pareciera cada día mas grave. 

Venezuela | Superintendencia de bancos interviene al BOD

La resolución de la superintendencia venezolana afirma que se trata de “…imponer medidas administrativas de intervención del Estado…”. A favor de Vargas habría que decir que la ley bancaria en Venezuela reconoce claramente entre medidas administrativas, a tomar cuando, por ejemplo, se presume que el banco tiene problemas de liquidez o solvencia (Artículo 81 de la Ley de Instituciones del Sector Bancario) y medidas de intervención, que se producen cuando un banco incumple sus obligaciones, sale de forma recurrente de la compensación bancaria o al momento que el banco pierde el 50% de su capital. 

Esa modalidad de intervención, que esta normada en el Capítulo III de la Ley, está claramente diferenciada de las medidas administrativas. Esa diferencia entre medidas administrativas, donde los actuales accionistas conservan su poder de decisión, y medidas de intervención, en que la autoridad regulatoria asume la dirección, es usual en material de legislación bancaria.

 La confusión, que algunos interpretan comoun auto gol de la superintendencia, se genera por la misma resolución del 10 de septiembre que habla de medidas administrativas de intervención, términos que no están contemplados en la ley. Eso motivó que el 13 de septiembre se publicara otra resolución, estableciendo que no se trataba de una intervención sino de medidas administrativas. 

¿Un salvavidas de última hora?

Esa aclaratoria se producía en respuesta a problemas que ya eran muy evidentes para el mismo viernes pasado. El temor entre los depositantes se había  manifestado desde la mañana del miércoles y el jueves Visa, tal como reportaba el periodista Casto Ocando, le había dirigido una comunicación al BOD notificando que, bajo régimen de intervención, las sanciones de la Office Foreign Asset Control (OFAC) contra Venezuela, impedían continuar dando servicios al banco, con lo cual se procedía a bloquear el acceso de autorización a las tarjetas de crédito y débito. 

El auto gol es suficiente para desatar una corrida, aunque también puede tratarse de un salvavidas para contener un problema mayor. Lo cierto es con l”as medidas administrativas de intervención”, la primera tarea de los funcionarios de SUDEBAN, ya in situ, es determinar las dimensiones del problema. 

¿Es un asunto contagioso?

Es conocido que en materia bancaria, los problemas de liquidez y solvencia se diferencian solo de forma muy tenue.

Ningún banco, por sólido que sea, puede aguantar una corrida de sus depositantes, entre otras cosas porque liquidar los activos de manera apresurada, bien se trate de cartera de crédito o inversiones en títulos, para no hablar de activos fijos, puede ocasionar una importante pérdida de valor.  

El supuesto de las “medidas administrativas de intervención” aludido por SUDEBAN es que las medidas adoptadas en Curazao contra Banco del Orinoco y en Panamá contra Allbank, ambas pertenecientes al grupo financiero BOD, pueden tener un impacto significativo en la institución venezolana. 

Vargas ha sido muy hábil en colocar al grupo financiero en un frontera gris en materia de supervisión. El BOD no es el grupo financiero, aunque todas las decisiones bancarias se toman en la misma oficina. Un problema básico es que aun cuando se trata del mismo accionista, la superintendencia venezolana no tiene forma de ver los balances consolidados. 

Para entender el impacto, hay que ponerle números a las instituciones involucradas. Todas ellas pertenecen al mismo accionista, comparten un equipo de dirección, pero se interrelacionan entre ellas a través de una compleja estructura.

El BOD, de acuerdo a las cifras de cierre de 2018, posee cerca del 19% del patrimonio del Banco del Orinoco NV, institución incorporada en la fusión con CorpBanca. Vargas, a través de participación propia y de su vehículo Cartera de Inversiones Venezolanas, es dueño de un bloque mayoritario que permite el control de ambas instituciones.

Además hay relaciones por todos lados de la hoja de balance. Hay garantías cruzadas entre préstamos y depósitos, custodios comunes pertenecientes al mismo grupo financiero, además de productos estructurados que hacen aun más complejo el asunto. 

En términos de tamaño, utilizando la tasa de cambio implícita en los balances auditados en 2018, el Banco del Orinoco tenía activos por el orden de casi 1.200 millones de dólares, con un patrimonio de 332 millones. 

La institución de Panamá, Allbank, es de mucho menor tamaño, con apenas 227 millones de dólares en activos. Las otras dos instituciones bancarias pertenecientes al grupo, Boibank, el banco con sede en Antigua, tiene más o menos 1.900 millones y Bancamérica, en República Dominicana, alrededor de 100 millones en activos. 

Sin duda, esas cifras reflejan la tragedia de la economía venezolana, en la que el negocio bancario se ha reducido aun más que la economía.

Para colocar las cosas en perspectiva, el balance del BOD, evaluado a la misma tasa implícita en los balances auditados, tenía activos de 300 millones, con un patrimonio de 127 millones. Es decir, el 19% de participación en el Banco del Orinoco, registrado en el balance del BCV, si se castigase de forma adecuada, prácticamente se llevaría el 50% del patrimonio de la institución en Venezuela. Razones de sobra tienen la autoridades venezolanas para preocuparse. De acuerdo a la ley, la pérdida del 50% del patrimonio es precisamente un claro causal de intervención.

La intervención en Curazao

La medida de intervención en Curazao se tomó el 6 de septiembre, con una resolución del banco central que en la práctica cierra la institución congelando activos y pasivos.

La desastrosa gestión del Banco del Orinoco en Curazao

 La respuesta de Víctor Vargas es que el 3 de septiembre, tres días antes, ya la asamblea de accionistas del banco había decidido liquidar la institución y que, por lo tanto, la medida era extemporánea.

En el negocio bancario no existe tal cosa como decidir liquidar un banco y proceder a la liquidación. Para hacerlo se necesita autorización previa del ente regulatorio y, por supuesto, la presentación de un plan factible de ejecución. 

Contrario a otras legislaciones, donde la superintendencia tiene plena autonomía para actuar, en Curazao un medida de intervención requiere de la aprobación de un juez. El banco central la había solicitado el 5 de septiembre y el juez la concedió el día siguiente, cuando finalmente se hace de conocimiento público.

 No existe, como afirma Vargas, una controversia por quién liquida al banco. La explicación de Vargas pareciera ser un mal consejo de sus abogados. Los mismos del ex presidente del Banco Central de Curacao, despedido de la institución por presunción de manejos turbios, quien ahora aparece al lado del banquero venezolano, que seguramente le dio el pitazo de la medida. Las autoridades del ente regulador en Curazao tenían fundadas sospechas de que algo no andaba bien.

¿Cuál es el tamaño del hueco?

A cierre de 2018, el Banco del Orinoco tenía activos por el orden de los 1.200 millones de dólares. Con una cartera de inversiones que representaba cerca del 90% de ese monto. ¿Qué hay detrás de esas inversiones? Principalmente, activos que en su momento generaban altos rendimientos especulativos, que permitieron repartir altos rendimientos a los dueños del banco, pero que en 2018 implicaron una pérdida de casi 30% del patrimonio de la institución. La típica historia de las quiebras bancarias.

Víctor Vargas: el banquero que cruzó la línea roja de operador político del chavismo

No es casual, mas bien público y notorio, el peregrinar de depositantes del Banco del Orinoco tratando de sacar sus fondos.  La excusa, en parte válida, el problema de los bancos corresponsales. Pero esa práctica de negar a los depositantes el retiro de sus fondos es una alerta roja para cualquier ente regulatorio.

Acostumbrado a jugar ping pong con la superintendencia venezolana, las autoridades del banco no le colocaron la atención debida, o lo que suele ocurrir en esas situaciones, siempre se apuesta a que vengan tiempos mejores.

El largo historial

Cualquiera que se tome el trabajo de leer los estados auditados del Banco Occidental de Descuento, un placer que tienen muy pocos acostumbrado a indagar en los balances bancarios, llega a la conclusión de la enorme debilidad del aparato de supervisión bancario en Venezuela. 

Se trata de una larga colección de circulares de la superintendencia para corregir algunos asuntos y un numero igual de respuestas del BOD que permiten atrasar o evitar la toma de correctivos. 

Fuentes consultadas, expertos en materia de supervisión, señalaron que es poco frecuente la cantidad de idas y venidas de circulares entre el banco y la superintendencia, por lo general el ente regulatorio ordena y la institución cumple. 

El historial es largo. En 2008, Víctor Vargas entrega a Emilio Botín en representación del Grupo Santander, 150 millones de dólares en arras para adquirir el Banco de Venezuela, operación fondeada con recursos de los depositantes del BOD.

Para 2012 era evidente que Vargas había perdido esos recursos y la superintendencia le pide hacer un provisión por el 30% del monto sustraído al banco.

El ping pong de circulares y respuestas término beneficiando a Vargas, como en tantas otras ocasiones, mientras el banquero tenía vara alta en las esferas del régimen. La provisión debía hacerse en el mismo monto de la moneda en que se hizo la operación, o en su defecto, en base a una actualización monetaria que implicase un valor equivalente, pero la decisión final favoreció al banquero venezolano.  La provisión se hizo como si nada hubiese pasado con el tipo de cambio y a los mismos bolívares de 2008. Posteriormente, hubo una disputa similar por el resto de la provisión y ésta no se realizó sino hasta diciembre de 2015, siete años después, al mismo tipo de cambio original. El resultado final del juego de ping pong: Punto para Vargas, cero para la superintendencia, -130 millones de dólares para los depositantes.

El solo castigo de la operación del Banco del Orinoco en los balances del BOD, implicaría la pérdida del 50% del capital del banco. Pero eso no es todo. De acuerdo a las notas de los auditores externos, el balance contiene títulos de deuda venezolana y de Pdvsa registradas a su valor facial. El ajuste por la diferencia entre el precio de registro y el precio de mercado, colocaría al banco con un patrimonio negativo, con lo cual la SUDEBAN debería pedir a los accionistas una re-capitalización inmediata. 

Una trama de relaciones peligrosas

El grupo esta montando bajo una estructura de relaciones que estarían prohibidas en cualquier otra jurisdicción. 

El banco en Antigua es el principal custodio de la otras instituciones. El tema de los custodios es complicado por cuanto suele ocurrir que esas instituciones, que funcionan como custodios de custodios, cuando se produce la caída de una institución no es muy fácil diferenciar el patrimonio de la institución del de terceros.

 El riesgo aumenta de manera exponencial cuando el custodio pertenece al mismo grupo. El Banco del Orinoco funciona por ejemplo como custodio de activos de Allbank, pero a su vez el custodio del Banco del Orinoco es Boibank, quien a su vez tiene sus recursos en otro banco. Es por ello que las verdaderas dimensiones del problema de una institución bancaria no se conocen sino hasta cuando los interventores toman posesión del banco. 

De acuerdo con lo que dijo el mismo Vargas en rueda de prensa, hay depósitos en Banco del Orinoco que sirven de garantía de créditos otorgados por el banco en Venezuela. También hay colocaciones de una institución en la otra que abre otras fuentes de riesgo. 

El mismo tema de los custodios ha sido terreno de controversias entre el BOD y la superintendencia venezolana. Desde 2012, SUDEBAN le ha venido exigiendo al banco que cambie la custodia para el Banco Central de Venezuela. Ese requerimiento está presente, de manera recurrente, en una nota de los auditores externos desde esa fecha hasta el presente. Excusas van y vienen, pero lo cierto es que hasta el día de hoy, Boibank sigue ejerciendo la custodia de los títulos del banco. 

El riesgo del grupo aumenta porque esa trama de relaciones, en que una dificultad en una de las instituciones se trasmite hacia la otras, se convierte en un efecto dominó. Eso disparó las alarmas ya en tres jurisdicciones y probablemente lo termine de hacer en las dos restantes. 

Antigua es una isla pequeña donde Alan Stanford, uno de esos personajes modernos en el Top Ten en la historia de las pirámides bancarias, era recibido por el primer ministro cada vez que llegaba en su avión privado. La gran debilidad de la estructura de supervisión bancaria, tiene mucho que ver con la imbricación entre políticos y autoridades de supervisión.

Vargas disfrutó por mucho tiempo de protección y a veces también corrió con suerte, ¿conservará esas habilidades para escapar una vez más del agujero en sus cuentas rojas?  Historia por verse.

Venezuela | Superintendencia de bancos interviene al BOD

La Superintendencia de Bancos de Venezuela intervino hoy al Banco Occidental de Descuento del grupo BOD de Víctor Vargas Irausquín

Lea el texto completo de la Resolución AQUI

La medida, que se publicó en la Gaceta Oficial No. 41714, se toma luego de que las autoridades supervisoras de Curacao y Panamá hicieran lo propio con  Banco del Orinoco NV y AllBank Corp respectivamente.

Lea la Gaeta Oficial No. 41714 AQUÍ

Los argumentos para las intervenciones realizadas en el extranjero coinciden en una “fuerte debilidad en la cartera de préstamos” y “una frágil gestión de gobierno corporativo”. Acusaciones más delicadas apuntan a “una grave violación de las regulaciones contra el lavado de dinero y antiterrorismo”, así como a no realizar las operaciones comerciales de manera adecuada, ni seguir las instrucciones de los supervisores y, mas grave aún, “engañar sobre su posición financiera utilizando falsificaciones de documentos.”

El Grupo BOD posee numerosas estructuras financieras: En mercado de capitales B.O.D. Valores Casa de Bolsa (Venezuela), Corp Casa de Bolsa (Venezuela), Plus Capital Market (Panamá), Plus Capital Market (República Dominicana), B.O.D. Fondos Mutuales (Venezuela) y Element Capital (Venezuela-Panamá).

Fuera de Venezuela, Víctor Vargas es el propietario de Plus Capital Market y National Leasing, en Panamá; BOI Bank en las islas de Antigua y Barbuda; y Bancamérica y Pme-factoring RD en República Dominicana, entre otras.

Fuente: Sudeban

El banquero rojo | Del boom a la resaca

Es una viejo adagio en materia de supervisión bancaria: la mayoría de los vicios observados en una crisis financiera surgen en el ciclo expansivo y luego explotan con la crisis. El caso de la recientes intervenciones del Banco del Orinoco NV de Curazao y el Allbank de Panamá parecieran poner en evidencia una historia recurrente.

Los vicios que hoy apenas emergen, se originaron en un proceso de expansión que por una parte no contó con la gerencia adecuada y tampoco fue supervisado de manera oportuna para atajar el colapso.

El boom

A finales de del 2007, en la cúspide del boom de ingresos petroleros más cuantiosa que ha tenido la economía venezolana, el negocio bancario venezolano lucia esplendoroso. La crisis financiera que había arrasado con el sistema financiero venezolanos a mediados de la década de los 90s, era a ese momento un recuerdo lejano.

En 2009, Chávez compró el Banco de Venezuela por 1.050 millones de dólares, frustrando de ese modo la aspiración que Víctor Vargas, presidente del BOD, tenía de adquirir el banco a Emilio Botín, para lo cual ya había entregado 150 millones de dólares que luego perdió en los tribunales españoles.

Aun a pesar del colapso financiero mundial de 2008, el negocio bancario venezolano todavía parecía robusto. Para esa fecha los activos del sistema financiero para la fecha alcanzaban unos 60 mil millones de dólares y el negocio había recuperado el esplendor de una economía que había recuperado sus niveles de monetización.

Sueños de grandeza aparecían remozados y los nuevos banqueros, algunos sobrevivientes del terremoto del la crisis financiera de los noventa, iniciaban una  nueva era de internacionalización.

Ganancias fabulosas, soportadas en el diferencial cambiario, alimentaban esa estrategia de expansión.

La competencia no solo era por quien poseía el jet con mayor autonomía de vuelo, también quien tenia mas roce en los círculos financieros internacionales. Nuevos y poderosos banqueros, muy afortunados beneficiarios del discrecional acceso a dólares preferenciales, iniciaron una desenfrenada carrera por expandir sus negocios. Al final el mismo negocio cambiario necesitaba vehículos propios. Una estructura que procesara asuntos tales como las emisiones Bs/$ o las tramitación de importaciones.

El grupo BOD, que había pasado de ser un pequeño banco regional a uno de los grandes jugadores del sistema, luego de la adquisición de Corpbanca, el cual ya contenía Banco del Orinoco NV,  fue uno de los que inicia un proceso de expansión, que como dice el adagio,  es un ejemplo muy vistoso de ese ciclo de sueños de grandeza que a menudo concluye en un final trágico.

La resaca

Ciertamente hay que colocar la historia en el contexto de un entorno macroeconómico que ha golpeado severamente el negocio financiero.

Si la economía venezolana ha perdido, entre 2007 y 2019, cerca de un 2/3 de su tamaño, lo que ha sucedido con la banca es aun mas impresionante.

Los activos del sistema financiero son hoy menos de un décimo de lo que eran en el pico del boom petrolero.  El patrimonio actual de la banca es menos de 15%  de lo que Chávez pago al Banco Santander por la adquisición del Banco de Venezuela.

Con la hiperinflación el negocio financiero se erosiona como ningún otro, al final la materia prima del negocio es la moneda.

Sin embargo, hay otros jugadores que aun, con todas las dificultades, sobreviven en el negocio no solo adentro, sino también en la gestión de sus negocios internacionales. Instituciones, como Banesco y Mercantil, para citar dos ejemplos, que ese encargaron de gestionar sus negocios, separando la estructura local de la internacional, gestionando de forma adecuada su portafolio de activos y sometidos a autoridades regulatorias de primer nivel, mantienen relativamente intactos sus estructuras internacionales.

Lamentablemente, otros que nunca hicieron esa diferenciación y que quizás disfrutaron de marcos regulatorios mas laxos, no corrieron con la misma suerte. En efecto, muchos de los problemas surgen de esa yuxtaposición del negocio local y el internacional.

El tipo de negocios que se originaba en el diferencial cambiario, permitía ofrecer altos rendimiento en dólares que a su vez alimentaban los depósitos en dólares de sus bancos offshores. Con el festín de las emisiones Bs/$, entre PDVSA y la República entre 2007 y 2014, de cerca  de 100 mil millones de dólares, vendidos en el mercado local en Bs, un porcentaje significativo de esas emisiones fue el combustible esencial de la expansión internacional.

Los mismos bancos que fueron los grandes jugadores del las emisiones de deuda,  tenían en ellas el trampolín necesarios para montar sus estructuras offshore.

El negocio de la fuga de capitales

La banca local siempre ha querido tener una tajada mas grande de los capitales venezolanos en el exterior. Para 2007, un estimado conservador, producto de la consolidación de información suministrada al BIS (Bank for International Settlements) establecía que el sector privado venezolano acumulaba en cuentas off shore cerca del 70% del producto venezolano (Gabriel Zucman, The Hidden Wealth of Nations, The university of Chicago Press, 2015).

Para la fecha, ello representaba cerca de 200 mil millones de dólares. A valores del 2019, eso pudiese esta rodando cerca los 350 mil millones.

Fuentes de banca privada estiman que alrededor del 80% de esas cifra están en cuentas de Estados Unidos y Europa. El resto probablemente está en bancos offshore de la Antillas holandesas, Panamá y mas recientemente, República Dominicana. Manejar esas cuentas, en comisiones por servicios financieros, custodia, compra y venta de títulos es un negocio muy atractivo, de personas que además son clientes del banco en Venezuela.

La estrategia de internacionalización

Siendo un jugador muy importante del negocio del diferencial cambiario, la mesa estaba servida para el BOD. Tras la adquisición de Corpbanca en 2006 , que ya había adquirido Banco del Orinoco con su offshore de Curazao en 1998, comienza un proceso de expansión internacional que adiciona en Panamá a Allbanken Antigua Boibank y en República Dominicana a Bancamérica.

Básicamente la hoja de balance de esos bancos era muy simple. Por el lado del pasivo, captaciones en bolívares en Venezuela que adquieren títulos en dólares vía las emisiones Bs/$ que terminan en el balance del offshore, o préstamos en bolívares que tienen como contrapartida garantías en un deposito en dólares en el offshore, y por el lado del activo, inversiones en títulos valores principalmente de deuda venezolana.

Todo una estructura basada en la integración con la casa matriz para potenciar el negocio del diferencial cambiario. Nada que exigiese una gestión eficiente de portafolio. El principal problema de esa estrategia era precisamente su origen. Apenas el juego Ponzi de las emisiones de deuda empezó a trancarse con el mismo tenor, esa estrategia empezó a fallar.

La contabilidad creativa

Algunos de esos mismos jugadores que habían sobrevivido a la crisis financiera de los noventa ya habían conocido algunas prácticas de contabilidad creativa que permitían maquillar cualquier deficiencia en el balance.

Luego de la crisis financiera de 1994-1995, las autoridades regulatorias venezolanas aprendieron a desmontar esas practicas contables. La principal de ellas era utilizar productos estructurados, como las llamadas credit linked notes, para llenar huecos de balance.

Conocidos  son los casos de Refco y FTC Capital Markets, dos firmas de corretajes de Wall Street que prestaban sus servicios a bancos venezolanos generado productos financieros para tapar huecos de balance.

Con la llegada del  gobierno de Chávez, en enero del 2000, comienza un proceso de debilitamiento del aparato supervisorio que, en parte, facilita la expansión de la banca que comienza en el boom petróleo a partir del 2004. No solo ocurre que la calidad de la supervisión local se hace mas laxa, sino que adicionalmente la calidad regulatoria hacia donde se produce la expansión es muy pobre, un hecho reconocido por organismos como el FMI.

La supervisión offshore

La banca offshore es un problema en casi todas partes. La dificultad esencial tiene que ver con que la responsabilidad de supervisión bancaria navega en una zona gris entre la autoridad del país de origen y la de la zona en que se establece.

Esa situación a menudo genera una indefinición de responsabilidades que incentiva las practicas de contabilidad creativa. En el caso de los bancos venezolanos que se expandieron hacia Panamá y Curazao, en esa zona gris de indeterminación regulatoria, muchas de las prácticas contables que habían sido restringidas en Venezuela luego de la crisis de los noventa, pero que luego volvieron a renacer a partir del 2000, también fueron exportados en esa estrategia de expansión de la banca offshore.

No deja de sorprender que un banco que ha venido teniendo problemas de liquidez desde hace cuatro años, como es el caso del Banco del Orinoco NV, sea intervenido de forma tardía.

Es conocido, en un negocio como el bancario, que problemas de liquidez y solvencia en muchos casos se confunden. Es responsabilidad de la autoridad supervisoria actuar de manera oportuna.

Mientras esos bancos crecían exponencialmente y pagaban los fees correspondientes, la autoridad regulatoria no quería ni enterarse del hecho que ese crecimiento estaba originado por lo mismos problemas que luego serían evidentes en la resaca.

Al final, los platos rotos siempre los pagan los pequeños ahorristas, los banqueros nunca ven su patrimonio afectado, los amigos siempre son avisados con antelación y las autoridades regulatorias siguen el ejemplo de Pilatos.